Welcome to Halloween Town (FanFic)

Bueno, aquí os dejo una historia que empecé hace cierto tiempo y que aún no he terminado pero que he vuelto a continuarla hace poco. Poco a poco iré colgándola. Espero que os guste ^.^


PRÓLOGO



Érase una vez


Hace mucho tiempo


Es posible que en sueños


Hayáis visto el lugar


Pues la historia tremenda


Que os voy a contar


Ocurrió cuando el mundo era antiguo


Seguro que os habéis preguntado


Las fiestas,


¿De dónde salieron?


Si no,


Ahora vais a saber


Lo que fueron…



Jane corría a toda velocidad hacia el instituto. Era su primer día en su primer año y ya llegaba tarde. La culpa la tenía su hermana mayor, que había acaparado el cuarto de baño durante hora y media. Estuvo a punto de perderse unas cuantas veces antes de, por fin, alcanzar su meta. Eso era lo peor de llegar a una nueva ciudad, el perderse continuamente y la sensación de no pertenecer a ningún sitio. Le había dolido mucho tener que abandonar su ciudad, allí había dejado amigos, muchas de sus cosas que no cabían en el pequeño coche de su madre y… la tumba de Zero. Zero era un cachorro de perro mestizo que recogió de la calle, pero que fue atropellado hacía tan sólo dos meses. Puede que la tristeza que la consumía hubiera sido una de las causas del traslado. Por fin, atravesó las grandes puertas del centro que iba a ser el suyo.



Tras un par de horas de clases, su mente ya volaba entre sus mundos imaginarios. Nunca conseguía concentrarse. Sacó papel y lápiz disimuladamente, y comenzó a realizar bocetos de los personajes de su película favorita: “Pesadilla Antes de Navidad”. Al dibujar a Zero, el perro de la película, no pudo evitar acordarse de su difunto amigo, por lo que arrugó el papel e intentó concentrarse en la lección.



Al salir, su hermana le esperaba en el hall. Era muy guapa, era rubia, tenía el pelo largo y sedoso, con un corte muy actual y unos maravillosos ojos aguamarina; mientras que a ella le había tocado la parte mala de los genes: era alta pero desgarbada, su pelo era de un rubio desvaído y le caía en desordenadas ondulaciones y bucles a su antojo, sin ninguna gracia y sus ojos eran de un marrón ordinario. Tras revolverle el pelo, cosa que le sacaba de quicio, salieron juntas hacia casa. Mientras caminaban, alejándose del instituto, una pequeña figura peluda le llamó la atención.

-Joanna, ve tu a casa, yo tengo que hacer una cosa-le gritó a su hermana mientras corría hacia la parte de atrás del instituto.

Le había parecido ver un perrillo parecido a Zero. Rodeó el instituto y llegó a la parte trasera. No parecía, lo que se dice, un lugar agradable. Todo estaba cubierto de basura y había pintadas por todas las paredes. Pero una cosa llamó su atención. Un pequeño caminito partía de aquel lugar en dirección a un pequeño bosque a lo lejos. Jane decidió ir a investigar.



El bosque era mayor de lo que parecía y la arboleda era tan densa, que apenas dejaba pasar unos rayos de sol, que dejaba el paisaje en penumbra. De pronto, se encontró ante una bifurcación. Jane, se detuvo, pensativa, sin saber por cuál decidirse, hasta que se percató que en el camino de la derecha se sucedían unas pequeñas pisadas, sin duda alguna, caninas. Finalmente escogió este camino. Cuando se disponía a continuar un sonido le sobresaltó y la melodía de Mama de MCR rompió la quietud del bosque. Jane sacó con rapidez el móvil. Sentía que nada debía perturbar aquel extraño bosque. Era su madre. Jane tomó algunas piedras y las colocó, a modo de guía, al comienzo del camino de la derecha, como recordatorio para la próxima vez que viniera. Esperaba poder hacerlo aquella misma tarde.



Jane miraba con melancolía como la lluvia caía a través de la ventana de su habitación. No podía evitarse imaginar al pobre perro de aquella mañana, indefenso ante la lluvia, pero ahora no podía volver allí. Su madre vigilaba la única salida desde su posición en el sofá del salón y con semejante tormenta, lo único que conseguiría sería pescarse un buen resfriado.



“Era de noche y el bosque estaba realmente oscuro. Cada sombra que veía se le antojaba un ser espeluznante, dispuesto a atacarle en cualquier momento. Por fin llegó a la bifurcación que recordaba. Pero ya no se encontraban las piedras que había dejado, en su lugar se hallaba una pequeña marioneta: su cabello era blanco, sus ojos, meros botones y llevaba un vestidito negro, con numerosos costurones y desgarros. La tomó entre sus manos, como para protegerla de los peligros que les acechaban. Continuó por el camino, hasta que una sombra les salió al encuentro. “Estoy soñando” pensó Jane al percatarse de que aquella sombra era…¡Zero! Jane, algo más tranquila y muy feliz de encontrar a su amigo, reanudó el camino, pero algo tiraba de ella hacia atrás. Se giró y vió que era Zero. “¿Qué pasa, Zero?” le preguntó. Se percató de que Zero, ya no era Zero, era un mero esqueleto..."



-¡Zerooooo!-gritó Jane

Unas manos le secaron las lágrimas y le abrazaron con cariño.

-Jane, ¿qué te ocurre?Has tenido un mal sueño?- le preguntó su madre con ternura.

Jane le abrazó con más fuerza.

-Cre-creo que sí…



Al día siguiente, se preparó con esmero: unos vaqueros negros, algo viejos, unas botas fuertes, una sudadera de MCR e introdujo en su mochila una botella de agua, una linterna y una pequeña navaja, regalo de su padre.

-Cariño, no llegues tarde-le gritó su madre mientras bajaba las escaleras.

Aquel día estaba deseando llegar al instituto para salir de él cuanto antes y continuar su exploración, aunque las últimas lluvias habrían convertido el bosque en un lodazal.

En el recreo decidió quedarse en la biblioteca, leyendo algún libro interesante. Escogió uno sobre vampiros y se sentó en el rincón más alejado.

-¡Hola!- exclamó un joven acercándose a la mesa-veo que tu también eres amante de la soledad, ya has descubierto mi escondite-le indicó guiñándole un ojo.

-Esto…yo…lo siento-repuso Jane roja como un tomate, levantándose.

-Pero no te vayas mujer, si quieres podemos compartirlo- le dijo, sentándose junto a ella.

-Si te gusta ese tipo de libros te puedo recomendar un montón…Por cierto me encanta tu sudadera, la mía no es tan guay ni por asomo-dijo señalándose su desgastada sudadera de Iron Maiden.

Jane sonrió.

-Mi nombre es Ordhep-se presentó ofreciéndole la mano.

-Yo soy Jane-se presentó a su vez estrechándole su mano con timidez.

El timbre resonó por todo el edificio, llegando hasta el oculto rincón donde Jane y Ordhep charlaban animadamente.

-Hasta la vista-se despidió el chico con un gesto y una arrebatadora sonrisa.





Jane pasó el resto de la mañana pensando en su encuentro con Ordhep. Aquel chico era realmente simpático, y aunque no era espectacularmente guapo, tenía un gran atractivo, con su pelo graciosamente despeinado y sus cálidos ojos oscuros. Finalmente el timbre le sacó bruscamente de sus ensoñaciones. Guardó las cosas en la mochila y revisó su contenido. Estaba lista. Bajó los escalones de tres en tres, con el corazón latiendo a toda velocidad por la expectación. Ya en la puerta, una figura pareció de pronto frente a ella y chocaron bruscamente, pero alguien le tomó del brazo, antes de tocar el suelo y le ayudó a incorporarse.

-Ya veo que estás impaciente por salir de esta casa de locos-bromeó una voz, ya familiar.

-Lo siento Ordhep, yo…-se disculpó Jane.

De pronto, una idea comenzó a abrirse paso en su mente.

-¿Te gustaría venir a…explorar el bosque…conmigo?-le comentó Jane, algo azorada, señalando hacia el bosquecillo.

-¿Una expedición en busca de algún tesoro perdido? ¿Y en tan buena compañía?-fingió sopesar la idea, mientras Jane se enrojecía más por momentos-¿Cómo podría negarme?-bromeó, ofreciéndole el brazo a Jane.

Jane se agarró a él, algo avergonzada. Mientras caminaban a buen paso en dirección al bosque, Jane tuvo que apretar el paso para avanzar al mismo ritmo que Ordhep. Él era mucho más alto y de mayor envergadura, mientras que Jane parecía una muñeca a su lado. El pensar en esto le hizo recordar la marioneta de su sueño y un escalofrío le recorrió entera.

-¿Tienes frío?-le preguntó Ordhep, observándola de reojo.

-No…no es nada.

Por fin, tras un pequeño paseo, llegaron al punto dónde se había detenido Jane la última vez: la famosa bifurcación. Al percatarse de que era el mismo escenario que en su sueño, Jane se apresuró a comprobar si las piedras que ella colocara, seguían allí. Con un suspiro de alivio, comprobó que así era.

-Bueno, ¿qué camino desea tomar?-le preguntó Ordhep, con un cómico gesto y exagerada cortesía.

-El de la derecha…-dijo Jane en un murmullo.

En ese camino había algo…algo que le atraía. Su corazón se volvió a acelerar cuando comenzaron a caminar por él. Mientras avanzaban, el paisaje cambiaba poco a poco, casi de manera imperceptible. Cuando quisieron darse cuenta, los árboles les rodeaban por todas partes y el sendero había desaparecido.

-¿Qué hacemos ahora?-preguntó Jane, a la vez que pensaba qué habría hecho ella, si no le hubiera dicho nada a Ordhep y hubiera acabado allí ella sola.

Sin duda, le habría dado un ataque de pánico, pero a su lado, se sentía segura y a salvo, sensación extraña para ella, pero que la confortaba en sumo grado.

-Parece que por allí cerca hay un claro. Se ve algo de luz-afirmó Ordhep señalando un punto hacia delante.

Tomando la mano de Jane, se dispuso a avanzar, mientras que a Jane le temblaban las piernas. Era la primera vez que un chico le tomaba la mano con aquella confianza. Pero claro, también tenía que admitir que nunca se había encontrado en una situación cómo aquella. Por fin llegaron a lo que parecía ser un gran remanso de luz en medio de aquella semioscuridad permanente. Un círculo de árboles les rodeaba. El claro estaba cubierto de una hierba, un tanto parduzca y algo embarrizada. Unas pequeñas huellas llamaron la atención a Jane, que se acercó a examinarlas. Sin duda pertenecían al mismo can que la otra vez y parecían desaparecer en el interior de un grueso tronco. Con extrañeza, Jane rodeó el árbol, en busca de su continuación sin éxito. Ordhep mientras tanto examinaba el lugar en busca de un camino que seguir, sin encontrarlo.

-Oye Jane, ¿no te parece que se está levantando algo de niebla? Este sitio me da mala espina…

La voz de Ordhep se perdió en la niebla, ahora profunda, que rodeaba a Jane.

-¡Ordhep! ¡¿Dónde estás?! Sí estás ahí no tiene gracia- gimoteó Jane, bastante asustada, agitando sus brazos en un vano intento de apartar la repentina neblina. Extrañamente era caliente y se pegaba a sus revueltos cabellos. Finalmente Jane se sentó en el suelo, enterrando su rostro entre sus rodillas, sin poder contener el llanto. Todo era culpa suya, por su estúpida curiosidad y sus ansias de explorar…



Cuando despertó, todo era oscuridad a su alrededor. Tardó algunos instantes en comprender que ya había anochecido. La neblina había desaparecido y podía vislumbrar las estrellas. Se incorporó sacudiéndose hojitas y barro como pudo. Al echar un vistazo a su alrededor, se percató de que no todo estaba igual de antes. En la corteza de los árboles de alrededor había unas especies de dibujos, que parecían grabados en la corteza. Aparentaban que en un tiempo pasado, eran de colores vivos, pero que ahora el paso del tiempo había apagado. Se acercó a uno de ellos, en el que desembocaban las pisadas de perro. En este árbol el dibujo parecía ser…un corazón. Algo le atraía hacia él y, casi sin pensarlo, alargó el brazo y rozó lo que parecía ser un picaporte…

De pronto un violento viento se levantó, agitando las copas de todos los árboles y levantando hojitas y ramitas por doquier. Jane despertó del trance y se percató de la situación. Intentó desasirse, pero su mano parecía estar pegada a él. Jane se protegió los ojos con la mano libre. Por fin, todo cesó. Jane respiró tranquila y se pasó la mano por los ojos. Cuando pudo enfocar la vista, observó que todo había cambiado, ya que todos los grabados parecían salpicados de una sustancia rojiza y estaban arañados. Incluido al que se encontraba pegado. Forcejeó durante un rato, hasta que pareció ceder. Jane cayó al suelo. Incorporándose entre maldiciones, observó embobada el agujero que había dejado paso al mover la “puerta”. Una brisa, con un ligero aroma a flores rancias salía de aquella abertura. Con precaución, se acercó con lentitud al agujero, con mucho cuidado de no volver a tocar aquel extraño árbol. Todo se veía oscuro como boca de lobo en su interior. De repente, sin previo aviso, volvió a desatarse toda la furia del vendaval, con tal potencia que lanzó, literalmente, a Jane por el agujero. Ésta gritó conmocionada mientras caía y caía a través de la oscuridad, hasta que el tiempo dejó de tener sentido para ella y la sensación de estar desde siempre cayendo y cayendo inundo su mente y su corazón…



Jane despertó de su ensoñación con brusquedad al caer sobre un montón de basura de penetrante olor. Cuando se recuperó de la caída, se dio cuenta de que eran flores podridas amontonadas lo que había impedido que se matase contra el suelo. A modo de agradecimiento, tomo una de aquellas flores, un pequeño capullo, que parecía menos podrido con los demás y lo guardó en su bolsillo, ya que había extraviado su mochila. Cerró los ojos durante unos instantes para tranquilizarse y poder planear el siguiente paso a seguir. Llegó a la conclusión de que bajo el bosque debía de haber algún tipo de instalación subterránea y que ella había caído por uno de los conductos de ventilación; en su intento de auto convicción de que todo era normal paso por alto los extraños detalles de los grabados de las puertas, de la extraña neblina y del violento vendaval.Decidió finalmente explorar los alrededores en busca de alguna forma de subir hacia la salida. “Pero antes tendré que encontrar a Ordhep”.



Avanzó por un caminito rodeado de árboles pelados y de aspecto escalofriante. Una ligera brisa le alborotaba los cabellos y le traía un olor a podredumbre pesado y denso. Finalmente divisó a lo lejos lo que parecía ser una pequeña población. Conforme se acercaba se percató de que era mayor de lo que parecía. Todas las casas parecían seguir un diseño muy parecido. Se detuvo frente a la mayor de todas ellas. Parecía haber sido hermosa en otro tiempo, antes de que las humedades y la enredadera la hubieran invadido. Apenas conservaba algo de su color original, que parecía haber sido un rojizo muy vivo, ahora cubierto por polvo y suciedad. Un gran reloj ocupaba la parte superior de la casa, pero su cristal estaba roto, y una de las agujas colgaba, inutilizada. También había restos de lo que parecía haber sido un gran cartel de madera. Aún podía leerse algo parecido a Sain…quedan…días. Jane rebuscó entre los restos al pie del edificio. Al hallar los restos restantes y leerlos junto con los que quedaban, Jane se quedó petrificada. “Saint Valentine Town quedan 002 días”. "No…no puede ser…esto es como en Pesadilla Antes de…¡pero si sólo es una película, no es real…!” Jane se sentó en el suelo abrumada. Un lejano rumor la despertó de su estupefacción. Se oían pasos, cientos de pasos, andando al unísono. Algo le decía que tenía que huir, tenía que esconderse, pero el miedo había paralizado cada centímetro de su cuerpo. Una sombra se acercaba a gran velocidad. El corazón de Jane latía a toda velocidad.

-Shhh, tranquilízate o atraeras SU atención. Y créeme, no te gustaría lo que te haría- le susurró la sombra a su oído.

Casi sin apenas esfuerzo, la figura se la echó a su espalda, como si de un fardo se tratara y corrió a toda velocidad hacia el otro lado de la calle, donde entraron en lo que parecía haber sido una pastelería en otro tiempo. Todo estaba cubierto de polvo y telarañas y el cristal del escaparate aparecía translúcido, debido a la suciedad que lo cubría, apenas dejando entrever, lo que parecía una procesión de personas. Se detuvieron frente a la gran casa y, tras unos instantes, se dispersaron. Jane pudo oír como muchas de las puertas en todos los edificios chirriaban al abrirse y los portazos de éstas al cerrarse. Tras un rato de silencio, la figura que le había rescatado, tomó su mano y la condujo a la “trastienda”. Allí encendió una pequeña vela. A su luz Jane descubrió que…su salvador era…¡la marioneta de su sueño! O al menos una chica muy parecida. Era de su altura, con el cabello de un rubio casi blanquecino, los ojos más azules que había visto nunca y llevaba el vestido negro con costurones y desgarrones idénticos al de la marioneta de su sueño. “Al menos no tiene botones en los ojos y parece una persona normal…” Sin embargo, se percató con horror de que, a su espalda, había una peana.

-Tú…tú eres una…-tartamudeó Jane horrorizada.

La chica sonrío con tristeza.

-Mi nombre es Dana. En un principio era una chica como tú, pero ahora…soy “casi” una marioneta, una mera muñeca.

Jane parpadeó varias veces, atónita, intentando comprender.

-¿Qui-quién te ha hecho…?-preguntó al fin.

-Él, el mismo que ha destruido Saint Valentine Town y el resto de ciudades, el mismo que ahora controla a todos sus habitantes y el mismo que controla los poderes del Rey del Mal y lo mantiene prisionero…

-¿Te-te refieres a Jack…Skelleton?-preguntó Jane

-¿Cómo una niña humana como tú puede conocer de la existencia del Rey del Mal?-le preguntó Dana con suspicacia.

-En mi… “mundo”, existe una película que explica la historia de cómo Jack intenta suplantar a Santa Claus y de la ciudad de Halloween Town y…

-¡Esa es una leyenda aquí!-exclamó Dana.

-Entonces… ¿es real? ¿Ocurrió de verdad?-preguntó Jane, confusa.

-Sí, aunque ocurrió hace ya algunos años.

-Y…si entonces esta es la ciudad de San Valentín… ¿por qué esta en este estado?-preguntó Jane pasando un dedo por una estantería llena de polvo- Nunca la habría imaginado de este modo, ni en el día más pesimista-afirmó con ironía.

-Él… ¡Él es el culpable!-exclamó Dana, temblando, con el rostro contraído en una expresión de pura rabia.

-¿Quién es Él?



-Es una larga historia y me temo que tendrá que esperar a otro momento y a un lugar más seguro que éste-susurró Dana.

El crujido de la puerta al abrirse y cerrarse resonó en la trastienda. Una expresión de pánico transformó el rostro de Jane.

-No te preocupes es Romer, pero aún así ten cuidado de no hacer ruido-susurró Dana abriendo con cuidado una puerta oculta.

-¿Quién es Romer?-le susurró Jane a duras penas, mientras corrían con discreción, alejándose hacia un bosquecillo.

-Es…mi hermano-repuso Dana, con una profunda tristeza asomando a sus ojos.

Jane guardó silencio, confusa, sin saber bien qué decir. Ella no podía ni imaginarse qué sentiría, qué se le pasaría por la cabeza si algo parecido le pasase a Joanna. Con delicadeza pasó un brazo por los hombros de la pequeña muñeca, que rompió en sollozos ahogados. Tras un rato, Dana se levantó, secándose con decisión las lágrimas.

-Estar aquí paradas no nos servirá para nada, salvo para que nos atrapen. Debemos encontrar la manera de destruir al tirano y salvar a todas las ciudades. Pero para ello debemos ir a un lugar seguro.-Dana le detuvo con el brazo- Visitaremos a la Resistencia, pero para ello debemos disfrazarte. Así vestida no pasarás desapercibida para sus esbirros.

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